Una simple tarjeta de acceso al transporte público se transformó en un recuerdo histórico del Mundial 2026. Detrás de ese diseño que hoy coleccionan miles de personas está Kevin Cuevas, un arquitecto cuya visión logró plasmar en un pequeño plástico la complejidad de una ciudad preparándose para albergar uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.

En diálogo con medios especializados, Cuevas detalló el arduo proceso creativo que antecedió al lanzamiento de esta tarjeta conmemorativa. Antes de llegar a manos de usuarios del Metro, Metrobús y Cablebús, el diseño atravesó meses de bocetos iniciales, ajustes constantes y decisiones que equilibraban la responsabilidad institucional con la libertad artística.

De la incertidumbre al diseño definitivo

Lo que comenzó como un proyecto de rutina evolucionó hacia algo mucho más ambicioso. Cuevas explicó que la incertidumbre marcó gran parte del desarrollo: ¿cómo representar adecuadamente un evento de esta magnitud? ¿Cómo capturar no solo el futbol, sino la transformación urbana y emocional que genera un Mundial?

El arquitecto enfatizó que su objetivo nunca fue reducir la tarjeta a un simple tributo deportivo. Buscaba que funcionara como un retrato multidimensional de una ciudad en movimiento, donde el futbol fuera solo un elemento dentro de una narrativa visual más amplia que abarcara la cultura, la identidad y las expectativas colectivas.

Un objeto que trasciende su función

Lo notable es cómo una tarjeta de transporte, un objeto funcional del día a día, se elevó a la categoría de pieza coleccionable. Cuevas reconoció que esta transición fue producto de decisiones deliberadas en cada fase del diseño: la paleta cromática, la tipografía, los elementos iconográficos y la composición general.

El proceso incluyó múltiples iteraciones basadas en retroalimentación, ajustes técnicos para garantizar que la imagen se viera nítida en el pequeño formato, y la delicada tarea de equilibrar elementos modernos con referencias históricas y culturales.

La responsabilidad de contar una historia

Cuevas fue categórico al hablar sobre la responsabilidad que asumió: sabía que su diseño llegaría a miles de personas, que se guardaría en bolsillos, álbumes y colecciones particulares como testimonio de estos tiempos. Esa conciencia influyó en cada decisión creativa, transformando un proyecto ordinario en una contribución artística a la memoria colectiva del Mundial 2026.