El Mundial 2026 dejó a Estados Unidos con cifras históricas. La FIFA confirmó ingresos por USD 15 mil millones durante este ciclo, la cantidad más alta jamás registrada en territorio norteamericano. Los estadios funcionaron a capacidad completa y el flujo de aficionados fue masivo, generando un panorama que parecía confirmar el crecimiento del fútbol en la potencia deportiva.

Sin embargo, detrás de los números y las tribunas llenas surge una pregunta fundamental: ¿será este impulso duradero o desaparecerá con el cierre del torneo?

El precedente de 1994

La historia ofrece un punto de referencia obligatorio. Tras la Copa del Mundo 1994, Estados Unidos experimentó un fenómeno similar: inversión, entusiasmo generalizado y estructuras creadas para potenciar el fútbol local. La Major League Soccer (MLS) nació poco después. Pero ese crecimiento no fue lineal ni se consolidó al ritmo esperado durante décadas.

Hoy, la situación presenta elementos diferentes. La MLS cuenta con equipos consolidados, academias de formación más robustas y ligas estables que sirven de base. Existe infraestructura que en los años 90 apenas germinaba. Los medios de comunicación dan cobertura más profunda al balompié. Las nuevas generaciones de norteamericanos crecen con acceso a competiciones internacionales y modelos de juego más sofisticados.

Factores que pueden sostener el crecimiento

Las academias juveniles operan con financiamiento serio. Jóvenes promesas estadounidenses juegan en ligas europeas de nivel, algo que era más excepcional hace una década. El nivel competitivo de la selección mejoró notoriamente. Estas condiciones crean un ecosistema más favorable para mantener el ritmo.

Pero las dudas persisten. ¿Seguirán los estadios llenos sin la magia del torneo mundial? ¿Invertirán nuevamente sponsors y medios cuando la atención mediática vuelva a sus niveles normales? ¿Transformarán los clubes locales esta oportunidad en proyectos de largo plazo?

Mirando hacia adelante

El próximo ciclo será determinante. Si los estadios mantienen asistencias respetables, si las academias producen talentos sostenidamente y si la MLS sigue atrayendo inversión internacional, entonces el cambio será real. Si todo se diluye en los próximos meses, habrá sido apenas un espejismo de cuatro semanas.

Estados Unidos tiene la oportunidad de escribir un capítulo diferente al de 1994. Los cimientos están más sólidos. La pregunta es si sabrá capitalizarlos.