La Copa Mundial FIFA 2026 se perfila como el torneo más económico del siglo a pesar de ser el primero en contar con 48 selecciones nacionales. La organización conjunta de Estados Unidos, Canadá y México desafía los paradigmas financieros de la FIFA, triplicando las sedes pero manteniendo un presupuesto sumamente austero.

Un presupuesto históricamente bajo

Mientras Catar 2022 ejecutó un presupuesto récord de aproximadamente 220 mil millones de dólares, el Mundial 2026 operará con apenas 13.9 mil millones de dólares. Esta cifra representa apenas el 6,3% del desembolso catarí, una diferencia abismal que cuestiona los estándares de gasto en torneos mundiales.

La estrategia norteamericana apunta a optimizar infraestructuras existentes. Los estadios disponibles en Estados Unidos, Canadá y México ya cuentan con las capacidades técnicas necesarias, eliminando la necesidad de construcciones megalómanas como las realizadas en Medio Oriente.

Logística compleja, inversión moderada

Aunque la expansión a 48 selecciones exige una gestión logística sin precedentes en la era moderna del fútbol, los organizadores evitarán los gastos exorbitantes que caracterizaron a Catar. No habrá megaproyectos de estadios futuristas ni inversiones en infraestructura de ciudades enteras.

La distribución geográfica será fundamental. Con partidos distribuidos entre tres naciones, se reducen costos de concentración de aficionados y servicios. La cercanía entre países norteamericanos facilita la movilidad sin necesidad de inversiones masivas en transporte y hospedaje.

Implicaciones para Paraguay

Para La Albirroja, esta estructura representa ventajas logísticas considerables. La proximidad a Norteamérica reduce costos de desplazamiento comparado con torneos en Europa o Asia. Si Paraguay clasifica –objetivo prioritario para las próximas eliminatorias– el impacto económico será menor que en anteriores mundiales.

La FIFA demuestra que la grandeza de un torneo no depende exclusivamente de inversiones descomunales. El Mundial 2026 redefine eficiencia, priorizando experiencia deportiva sobre ostentación arquitectónica.

Esta lección económica representa un cambio paradigmático que podría influir en futuras sedes. Países como Paraguay podrían beneficiarse de estos estándares más accesibles para organizaciones futuras, demostrando que el fútbol mundial no necesariamente demanda gastos insostenibles.